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Propiedad intelectual

11-Sep-2012

Robar no es un derecho. Aunque algunos lo pretendan así, o elevar la anarquía a rango de libertad fundamental. La Internet nació como un entorno anárquico, el ciberespacio significaba libertad absoluta, la ética y hasta la cortesía se dejaban al libre albedrío de cada cual, al nacer, era como el mundo primitivo y ello resultó un buen experimento, amén de que no confluían los intereses económicos y políticos actuales y tampoco había herramientas técnicas y legales para domesticarla. En el mundo real, las sociedades tuvieron que establecer reglas, hasta llegar a la formación del estado para ser viables, muchos fanáticos de la Internet se resisten a esa evolución, actualmente los estados pretenden meter al ciberespacio en cintura. La Internet forma parte del mundo real, es una herramienta, no la utopía que aparenta.

En la Internet se cometen delitos contra individuos, instituciones y naciones porque las personas que están frente a la pantalla son humanos en el mundo real que utilizan la red como herramienta; víctimas y victimarios no son habitantes de un ciberespacio, los delitos en la red tienen consecuencias en el mundo físico. También la divulgación o repetición de información de manera irresponsable tiene consecuencias, la red es el espacio perfecto para teorías de la conspiración, la manipulación a gran escala y, a diferencia de los medios tradicionales, está al alcance de cualquiera para publicar lo que se le ocurra, o robar.

Ante la firma del ACTA clandestinamente por el gobierno mexicano y en contra de la opinión de los representantes populares en el Senado, hubo voces que clamaban por la pérdida de libertades fundamentales, y no es así. Sin embargo, el ACTA tiene varios filos, es una imposición de la visión de un Estado extranjero con leyes e intereses diferentes al nuestro. Aún más, ese Estado históricamente imperialista puede pretender imponer los intereses de sus corporaciones y bloquear los nuestros en su beneficio, en una forma de proteccionismo cibernético.

Un argumento clave de los legisladores mexicanos: con el ACTA se pretende que particulares (los ISP que venden el acceso a la Internet, administradores de DNS y los que hospedan sitios) estén obligados a hacer una tarea (la vigilancia y el bloqueo de contenidos) sin mediar una contraprestación. Aunque Telmex o Televisa son concesionarios para telefonía o televisión, el acceso a la Internet no es un servicio concesionado del Estado ni tampoco este acceso es un derecho fundamental, es un servicio sobre una infraestructura de particulares que cuesta y por la que se debe pagar, aunque haya quien crea que no es así.

Otra clave es que si se tiene un sitio Web hospedado en un país diferente, y muchos sitios mexicanos se hospedan en EU, se someten a la ley del país donde residen los servidores y no lo tenemos claro. La Internet es global y requiere una normativa global que a veces no podrá estar en sintonía con las leyes nacionales o su cultura, el gobierno mexicano debió discutir el ACTA para acomodarla a nuestra ley antes de firmarla, negociar sus artículos en lugar se someterse a escondidas.

Hay un punto fundamental, el derecho de autor es muy diferente al norteamericano, aquí se protege al individuo y se defienden sus derechos morales por encima de los derechos patrimoniales. Los derechos de autor en México se reconocen para los individuos, no para las organizaciones, quienes pueden detentar los derechos patrimoniales por un plazo limitado.

El consumismo nos enseñó a ser adictos a la música y el video. Los padres en lugar de educar y convivir con sus hijos, los enchufan a las videoconsolas con el fin de poder enchufarse ellos a televisores y computadoras en santa paz. Así que hay una generación que quiere creer que los contenidos que pueden bajar en línea son un derecho para satisfacer las pulsiones de su educación. Porque han podido obtenerlos sin importar si la práctica es ilegal al no pagar las obligadas regalías al autor o la empresa que detenta los derechos patrimoniales.

Robar una cartera es un delito. Robar un libro de un anaquel también. Bajarse una rola de manera ilegal por la Internet es un delito. Bajar un libro y no pagar regalías al autor que pretende vivir de ello es un robo. Vender mercancía pirata, CDs, DVDs, tenis Nikei, etc. es un delito, lo que pasa es que lo llamamos piratería por obra de Bill Gates, quien se equivocó al llamarla así. La piratería es cool, ahí están Sandokan y la capi-señal para sustentarlo. Los piratas eran ladrones (y asesinos) de mar, los piratas cibernéticos, los falsificadores de marcas, usurpadores de patentes también y así debemos llamarlos.

Pareciera que hay una generación que quiere importar la anarquía del ciberespacio al mundo real, vivir fácil y sin responsabilidades, como les enseñaron sus padres y no debe ser así.

Fuente: Reforma-Negocios

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